miércoles, 23 de enero de 2013

TIERRAS DE SALAMANCA

Mi trabajo me ha llevado a conocer diversos lugares de la geografía española de los que guardo gratos recuerdos. Uno de ellos es Guijuelo, la ciudad del jamón ibérico. Os invito a ver la primera parte del video que realicé mientras estuve allí. Gracias por vuestra atención.
 

jueves, 17 de enero de 2013

LA SUBIDA AL MONTE CABEZO




Un poco de Historia


Había leído mucho sobre la Romería a La Virgen de la Cabeza, la más antigua de España. A ella acuden cada año el último domingo del mes de abril decenas de miles de fervorosas personas.
 
Poco en cambio sabía de lo que realmente sucedió en ese lugar durante la Guerra Civil en los ocho meses que duró el asedio del Santuario.
 
  En septiembre de 1936, el capitán Cortés acompañado de 249 guardias civiles, sus familias y algunos simpatizantes de los sublevados, formando una columna de 1200 personas, se refugian en el Santuario con la intención de pasarse al bando de Franco. Más tarde son rodeados por el ejército republicano, que le exige la entrega de las armas y la rendición, a lo que el capitán se niega. El mismo Franco, para quien conservar la posición del Santuario no merecía la pena y necesitaba sus batallones en otros lugares, le envía a la Cruz Roja Internacional para que negocie la rendición y se haga cargo del personal civil, asegurando el buen trato y respeto a sus vidas.
 
El capitán Cortés se opone a ello y al cabo de ocho meses de asedio con hambre, bombardeos y ataques el santuario se derrumba y cae en manos del ejército republicano. De los 249 guardias iniciales sólo salen de las ruinas 60, y otros 107 guardias permanecen gravemente heridos entre los escombros. Entre ellos, el capitán Cortés, a quien la metralla a abierto un boqueteen el vientre.
 
 Los republicanos encuentraran un centenar de tumbas en un lateral del Monasterio, con un cartel en la entrada del recinto alambrado que dice: “La Guardia Civil muere, pero no se rinde”. Al verle tan gravemente herido, el comandante de las fuerzas republicanas le dice: ¡Sois unos valientes!, con doscientos hombres como ustedes llego yo a Burgos”.
 
Todos los historiadores coinciden en lo siguiente: 1 El buen trato que se les dio a los prisioneros. 2 En la condecoración al capitán Santiago Cortés González con la Cruz Laureada de San Fernando, la más alta condecoración militar. 3 En que desde ese mismo año en todos los cuarteles de la Guardia Civil existe una placa en sus salas de armas conmemorando su nombre y la duración del asedio, que dice: Capitán Cortés, septiembre 1936 -1 de mayo de 1937.
4 En que el sitio del Santuario no tenía ningún valor estratégico, pero fue utilizado por el ejército franquista para mostrar ante la opinión internacional a los milicianos como salvajes sin escrúpulos y sedientos de sangre, y a los tres centenares de guardias como héroes dispuestos a morir cumpliendo su deber ante un ejército infinitamente superior formado por 12 mil hombres, varios tanques, ametralladoras, cañones y aviones.
 
 
El poeta Miguel Hernández participó en el asalto del Santuario de la Virgen de la Cabeza defendido por el capitán Cortés de la Guardia Civil, según contó el propio Miguel en el Ateneo de Alicante. Existe una fotografía donde se ve a Miguel junto al diputado Martínez Cartón, jefe de la XVI Brigada, con prismáticos, a Vittorio Vidali o comandante Carlos, a otros oficiales en ese frente. El asalto duró ocho meses, el Santuario se tomó el 1 de mayo de 1937 a las 15´15 horas. Esta afirmación de participación en el ataque fue una de las acusaciones esgrimidas con más vehemencia por el Fiscal militar en el Consejo de Guerra contra Miguel.
 
Contrariamente a lo publicado por la prensa y los escritores franquistas, Miguel afirmaba que en el asedio el ejército republicano estaba formado por campesinos civiles que carecían de preparación militar y luchaban sin armas apropiadas: escopetas de caza, trabucos, hondas, palos y navajas... No fue hasta el mes de abril del 37 que acudió en su ayuda el batallón de Martinez Cardón con todo su armamento, y entonces, en dos semanas, acabaron con la resistencia de los defensores del Santuario.
 
El Santuario de la Virgen de la Cabeza, completamente destruido en el asedio, fue reconstruido y ampliado en los años 50. Desde entonces continúan las peregrinaciones y romerías en honor a la Señora.
 
Ya desde mi época estudiantil supe de la Romería por mis compañeros del Instituto y me prometí visitar algún día el Santuario de la Virgen de la Cabeza; pero no fue hasta 2004 que pude hacerlo.
 
 MI VIAJE AL SANTUARIO
 
  El día 10 de octubre del año 2004, a las siete de la mañana,  mi esposa y yo salimos de casa hacia Andújar (Jaén), en donde está situado el Santuario.  Sabíamos que había cerca de cuatrocientos kilómetros, es decir: ocho horas de viaje en la ida y vuelta, por lo que debíamos de salir temprano si queríamos disfrutar de algunas horas libres para visitar los lugares.
 
El cerro del Cabezo, donde está ubicado el santuario de la Virgen de la Cabeza, está a 32 kilómetros al norte de Andujar. El camino es agradable y el paisaje precioso; el aire es limpio y sano, con un agradable aroma a pinos, eucaliptos y romero, según los lugares que íbamos pasando.
 
Cuando llegamos al santuario nos llevamos una sorpresa: no éramos los únicos que habían acudido a ver a la Virgen ese día. No encontrábamos aparcamiento y, después de dar una vuelta por toda la aldea, tuvimos que dejar el coche en un sitio bastante apartado, cosa que no me agrada lo más mínimo.
 
La entrada por la cuesta del Rosario hasta el Santuario estaba repleta de peregrinos, que subían con esfuerzo la empinada pendiente del camino. Finalmente, llegamos a la plaza del templo.
 
 Desde allí se divisa un paisaje muy bonito en un radio de cincuenta kilómetros, pues estábamos a más de seiscientos metros de altura, y el cerro en el que nos encontramos es el más alto de todos los que hay en la zona. Estábamos en el corazón de Sierra Morena. Si pudiéramos trazar un círculo con una cinta métrica a nuestro alrededor, estaríamos a unos cien kilómetros de Córdoba, a cien de Puertollano, a cien de Jaén, y todo el centro del círculo ocupado por la Sierra Morena.
 
La plaza del Santuario estaba llena de gente esperando que acabase la misa para poder entrar en la iglesia, pues dentro de ésta no cabía ni un alfiler más. Nosotros entramos por la pequeña puerta lateral que conduce a la primera planta hasta el camarín de la Virgen. Subimos en fila india, apretados entre la gente que subía con ramos de flores para ofrecérsela a la Señora.
 
Dentro del camarín apenas podíamos movernos, pues estaba lleno y sólo pudimos avanzar lentamente, pero sin pararnos, por una fila que pasaba por delante de la venerada imagen y salía por otra puerta. Yo no pude apenas grabar nada. Una mujer sentada en una silla cantaba canciones y poemas y también rezaba en voz alta.
 
Luego, salimos del camarín de la Virgen y pasamos por el patio interior de la iglesia, un patio lleno de macetas; pero antes besamos a la imagen de Nuestra Señora y al Niño, una pequeñita imagen de piedra que sustituye a la auténtica imagen fundadora del Santuario, que desapareció en la Guerra Civil.
 
Luego salimos fuera y me indignó ver un monumento (un águila de bronce sobre un pedestal de piedra) que recuerda a las victimas del bando de los vencedores de la Guerra Civil, donde se llama "ordas salvajes" a los del bando contrario, el republicano, defensor del Gobierno surgido de las urnas, olvidando que lejos de aquel lugar ellos también asediaban y fusilaban a pueblos enteros.
 
De regreso a Cádiz nos detuvimos en Córdoba y entramos en la Mezquita.
 
 

lunes, 28 de mayo de 2012

COMIENDO EN CÓRDOBA




 Las guías de turismo que publican los ayuntamientos son muy prácticas, te indican lo que puedes visitar: locales de fiesta, monumentos, dónde comer, dónde alojarte… Pero sólo las empresas que han pagado previamente el espacio que ocupan son las que vemos en las guías y las que no pueden permitirse tal dispendio no aparecen, y no por eso son peores. Se cumple de nuevo el dicho: no son todas las que están ni están todas las que son.

 Lo mejor es guiarnos por el boca a boca y conocer sitios que nuestros amigos nos recomendaron o descubrir uno mismo lo que nos ofrecen los diferentes negocios que encontramos en las calles. Podemos ver en las guías restaurantes cuyo cubierto no nos sale por menos de 30 euros y no encontramos aquéllos que ofrecen lo mismo a un precio mucho menor. En cuanto a la calidad del servicio no todos están a la altura, aun siendo recomendados en la guía.

 

 En mi visita a Córdoba he permanecido casi todo el tiempo en el barrio de la Judería, salvo el último día, que lo dedicamos a conocer la zona que rodea a la estación del Ave. Como mileurista que soy, no me sobra el dinero y lógicamente busco sitios acordes con mi poder adquisitivo. A veces hago un esfuerzo para entrar en algún local, pero al día siguiente trato de compensar el gasto extra  comiendo por menos dinero. 

He observado que nada más salir de la Judería los precios en hoteles, restaurantes y bares descienden considerablemente. Hemos comido un sabroso menú del día en la terraza de un bar ubicada en la avenida Hernán Ruiz, sentados bajo unos parasoles en un parque cercano a la estación de trenes por 7 euros cada uno. 

 En el entorno de la Mezquita, especialmente en la calle Céspedes, encuentras a repartidores de tarjetas de restaurantes y locales que te invitan a degustar sus especialidades. Existe una gran competencia en la hostelería para atraer a sus locales al turista que deambula por esa calle mirando escaparates o comprando ropa, joyas o recuerdos. 

 Los menús que ofrecen rondan los 12 euros, pero algunos llaman la atención anunciando un menú impactante por 8 euros, pero no cuentan el pan, la bebida ni el IVA. O sea … Tambien notamos que algunos empleados de restaurantes y comercios no son muy amables: ponen mala cara, responden mal y algunos hasta te chulean. Veamos algunos casos: 

 Entramos en una tienda de regalos situada al inicio de la calle Céspedes porque mi mujer quería comprarme un recuerdo de Córdoba. Elegí una espada curvada, pero cuando la dependienta la estaba envolviendo me arrepentí y la cambié por un puñal moro con filigranas en el puño. La dependienta, una chica joven, morena, que seguramente la noche anterior no debió de tener su ración y presentaba una cara de mala ostia que no podía con ella, me miró con cara de hastío y me dijo: A ver si se decide usted de una vez…

 Otro día entramos en un restaurante ubicado a mitad de la calle Céspedes atraídos por el menú típico cordobés a 10 euros. El patio estaba lleno de comensales y ya nos íbamos cuando vimos que una pareja dejaba su mesa libre. Nos sentamos y esperamos a que se acercara uno de los camareros para que limpiase la mesa y hacer el pedido del menú. Pasaron quince minutos y nada. Cinco minutos más tarde quedaron libres dos o tres mesas más y el camarero fue a recoger los platos y a limpiarlas. Le pregunté si podía atendernos, ¿saben qué dijo?: ¡Otro con prisas…!
 

 Al oír eso,  nos levantamos y nos fuimos a otro sitio. 

Así fuimos seleccionando los sitios en donde comer y tachando aquellos en que nos trataron mal. 

Y el tercer caso lo sufrimos  al tomar el desayuno en la taberna del Potro, situada en la esquina del cruce de la calle Lucano, subiendo desde el río a la plaza del Potro. Serían las diez de la mañana y en las mesas de la taberna, distribuidas en la plazoleta bajo unos parasoles, había tres o cuatro parejas desayunando. Nos sentamos y enseguida apareció el camarero, un chaval alto y moreno cuya edad calculo en unos 25 a 30 años. Pedimos dos cafés con leche y dos medias tostadas con aceite de oliva. Normalmente para las tostadas se suele servir unos panecillos cortados por la mitad a lo largo, pero en este local cortaron en cuatro partes una barra de pan de esas que dan dos por un euro  y con cada parte dividida en dos por el centro, servían las tostadas. Hasta aquí perfecto. Pero cual no sería mi sorpresa cuando traen la tostada de mi mujer y la veo negra como el carbón y oliendo a quemado. El chico dejó el plato en la mesa y se iba tan contento. Le llamo y mantuvimos el siguiente diálogo:
 — Oiga, camarero: ¿no le parece de poca vergüenza servir esa tostada? 
— ¡Pero qué dice usted! No le consiento que me falte al respeto en público. Yo sólo sirvo las mesas, no hago las tostadas 

Pero es que usted no debía ni  haberla servido, un profesional no lo hubiera hecho, y me parece un insulto a mi esposa que usted le ponga basura para comer.Vale, no hace falta discutir, tráigame el libro de reclamaciones.
 — ¡Pero por qué!, yo le cambio la tostada y todo arreglado, ¿no? 
  Los clientes de las mesas de al lado no prueban el café, permanecen atentos a la discusión pero sin abrir la boca. A esto se asoma el cocinero, o el dueño, y llama al camarero y le dice algo. Luego regresa el chaval con otra tostada, esta vez buena, en su punto, y me dice:
 Siento mucho lo sucedido, le ruego me perdone. Las tostadas no se las cobro, son obsequio de la casa. 
— No, gracias.Yo no quiero ningún obsequio, no pretendo desayunar gratis, sólo quiero que me traten con respeto y sirvan los alimentos en condiciones. Dígame cuánto le debo.
 —8 euros.

 En vista de lo sucedido, decidimos no explorar más y comer sólo en los restaurantes en que habíamos recibido un trato excelente y un servicio de gran calidad: 

 Aperitivo en la terraza frente al Museo Arquológico

 La Bodega la Mezquita, en la calle Céspedes nos encantó y os la recomendamos, tanto para comer a la carta como para tapear. La comida es excelente y el personal muy amable y atento. El precio ronda entre los 15 y 18 euros según el menú. Nosotros pedíamos menús típicamente cordobeses: Salmorejo, rabo de toro, berenjenas a la miel, pastel cordobés…
 
 




































Carmen dando cuenta de un exquisito pisto cordobés




 Otro restaurante estupendo es el Caballo Rojo, éste es un poquito más caro, pero el lugar lo merece.Tiene fama de servir el mejor rabo de toro cordobés del mundo.

 El restaurante Hanman ofrece los fines de semana durante la cena un espectáculo de la danza del vientre, que ya aprecié en un anterior viaje  en el encuentro que ya os presenté con  amigos poetas de toda Andalucía.Pero como nos fuimos el viernes por la tarde, no pudo verlo mi esposa y hubo de contentarse con la comida andalusí.
Cena con danza de l vientre =32 euros; menú de la casa día sin danza = 20 euros 

Bajo el restaurante Hanman, situado en la primera planta, se hallan los Baños Hanman, únicos baños árabes cordobeses que aún permanecen activos, los cuales ofrecen diferentes servicios.

  Detrás del Caballo Rojo, subiendo la calle Céspedes, a unos doscientos metros a la derecha hay un callejón que tiene al final a la derecha un restaurante donde se come muy bien. Por su patio se accede también al Caballo Rojo. 
Entrantes:
 Gazpacho blanco cordobés y ensalada campera
 

 Para beber e ir de tapas abundan los lugares, algunos incluso con actuación de cante flamenco, como la taberna de la calle Ruano, casi 
 en la esquina a calle Céspedes.

 
Junto a la muralla, en la Puerta de Sevilla se halla una terraza muy buena con buen servicio de tapas.
 
Pero sería imperdonable no pasar por la Taberna Santos, frente a la Mezquita, y se asombrarán con sus tortillas de patatas y sus longanizas a la brasa. Así fue cómo nos alimentamos. Y para que conste y lo recuerden ustedes si van a Córdoba es por lo que les cuento todo esto, tal cual.

sábado, 19 de mayo de 2012